El tesoro del cenote Saskabaj
Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: El tesoro del cenote Saskabaj
Sucopo guarda una interesante leyenda acerca de un tesoro escondido en el cenote Saskabaj, la cual tuvo su origen entre los primeros pobladores. Asimismo, el relato conlleva una triste historia de amor. Así lo relató uno de los primeros habitantes de esta localidad, don Lino Alfinio Rosado Gil, de 85 años de edad, según Efraín Valencia, quien lo publicó en un rotativo local.
Don Lino contó que hace mucho tiempo vivía en Sucopo, municipio de Tizimín, una familia de apellido Batab, quienes eran grandes comerciantes de animales. Cada vez que tenían una transacción exitosa, juntaban su dinero, que en aquellos tiempos eran monedas de plata y oro. Amasaron una gran fortuna, la cual guardaron en varios barriles. Sin embargo, cuando se anunció la inminente llegada de la Guerra de Castas, en 1847, la familia comenzó a preocuparse sobre dónde esconder su riqueza.
Cargaron los barriles con monedas de oro y plata en sus burros y se dirigieron a la sascabera donde se extraía material pétreo para construcción. También llevaron una imagen de la Santa Cruz. Ya adentro del lugar, colocaron una mesa y sobre ella, la imagen religiosa; encendieron velas y le encomendaron a la Santa Cruz el cuidado del tesoro. Le dijeron que si morían en la guerra y no regresaban, quien encontrara el tesoro sería su legítimo dueño.
Después de la guerra, sólo un miembro de la familia Batab logró regresar, los demás murieron en la contienda. Aquel sobreviviente fue a buscar el dinero, pero al llegar, encontró el sitio cubierto de agua, pues se había convertido en el cenote Saskabaj.
En tiempos más recientes vivió en Sucopo una muchacha llamada Felipa Verde, quien mantenía un amor secreto con un joven. Cierto día se citó con su novio en el cenote Saskabaj y llegada la hora, fue a
verlo. Cuando la joven llegó al lugar su amado aún no estaba, pero notó que no había agua en el cenote y vio una vela encendida en una de las bóvedas. Al acercarse, encontró el tesoro. Emocionada, quiso
llevarse varias monedas, pero no pudo y sólo llevó una. Cuando la chica llegó a su casa le contó a su madre lo que había sucedido y le mostró la moneda como prueba. Su madre, al verla, le dijo que esa moneda ya se la había dado su novio tiempo atrás. Alarmadas, fueron juntas al cenote, pero al llegar ya estaba nuevamente cubierto de agua.
La madre, furiosa, le dio una severa reprimenda. La joven, asustada y con la culpa de haber tomado parte del tesoro sin el permiso de la Santa Cruz, se enfermó gravemente y murió poco después. Del
novio no se supo nada pero se cree que él es el verdadero custodio de esa preciada fortuna y que la cuida celosamente hasta la fecha.
