Primera infancia: donde realmente se construye el futuro

Palabra de mujer, columna de Ivette Laviada: Primera infancia: donde realmente se construye el futuro

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En el mes de la niñez, más que celebrar, conviene preguntarnos con seriedad: ¿qué estamos haciendo realmente por nuestros niños en sus primeros años de vida? En México, más de 12 millones de niñas y niños se encuentran en la etapa de primera infancia —de la gestación a los 6 años—, un periodo decisivo en el que se forma cerca del 90% del desarrollo cerebral. No es una etapa más: es el momento donde se construyen las bases del aprendizaje, la salud emocional y la capacidad de relacionarse con el mundo.

Desde su creación, el Pacto por la Primera Infancia ha impulsado un esfuerzo articulado entre sociedad civil, academia, empresas y algunos actores de gobierno para colocar este tema en el centro de la agenda pública. Y aunque se han dado pasos importantes, los retos siguen siendo profundos.

Las encuestas nacionales a madres, padres y cuidadores siguen revelando una realidad clara: existe una enorme conciencia sobre la importancia de esta etapa, pero también una gran sensación de desamparo.

La mayoría de los padres reconoce que los primeros años de vida son determinantes para el desarrollo de sus hijos, pero también expresa que no cuenta con la información ni el acompañamiento suficiente para ejercer su rol de la mejor manera. De hecho, una proporción muy alta manifiesta que le hubiera gustado recibir orientación oportuna desde etapas más tempranas.

A esto se suma un dato preocupante: aunque existe disposición para mejorar las prácticas de crianza —incluyendo el interés por métodos de disciplina no violenta—, el acceso a programas de formación para padres sigue siendo muy limitado.

Por otro lado, la percepción sobre la acción del Estado continúa siendo crítica. Persisten carencias en servicios de salud, nutrición, educación inicial y apoyo a las familias. A pesar de algunos avances en cobertura y en el posicionamiento del tema, la realidad es que muchas familias siguen enfrentando solas el desafío de criar.

Sin embargo, este panorama no debe leerse solo en clave de déficit, sino también de oportunidad. Hoy contamos con evidencia, diagnósticos claros y una sociedad cada vez más consciente. Sabemos qué necesitan los niños. Sabemos que el vínculo temprano, la presencia de los padres y un entorno seguro son determinantes.

La pregunta ya no es qué hace falta saber, sino qué estamos dispuestos a hacer. Invertir en la primera infancia no es un gasto: es la decisión más inteligente que puede tomar una sociedad. Porque ahí se juega todo: la educación, la salud, la cohesión social y, en última instancia, el futuro del país.

Pero este futuro no se construye solo desde las instituciones. Se construye, ante todo, en la familia.

Porque cuidar a la infancia no es una opción: es la forma más concreta de construir el mañana.

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