El efecto Diderot: la cadena de compras por emociones

Patrimonio, columna de Miguel Rosado González: El efecto Diderot: la cadena de compras por emociones

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Columna de Miguel Rosado González
Denis Diderot era uno de los filósofos más brillantes de su época, pero había un problema: su situación económica era desastrosa. A pesar de su prestigio intelectual, apenas tenía dinero para vivir.

Su suerte cambió cuando Catalina la Grande, emperatriz de Rusia y admiradora de su trabajo, se enteró de sus dificultades. Para ayudarlo, le compró su biblioteca por una enorme suma de dinero, aunque le permitió conservar todos los libros. De la noche a la mañana, Diderot pasó de estar prácticamente arruinado a tener más dinero del que había visto en toda su vida entera. ¿Y qué hizo? Exactamente lo que muchos de nosotros haríamos. Decidió darse un capricho.

Compró una lujosa bata escarlata, una prenda elegante y sofisticada que parecía hecha para la realeza. Al principio estaba encantado con ella. Pero una tarde, mientras escribía en su estudio, algo llamó su atención: aquella magnífica bata hacía que todo lo demás a su alrededor pareciera viejo, pobre y fuera de lugar. Su escritorio ya no estaba a la altura. Así que compró uno nuevo, una hermosa mesa de caoba. Problema resuelto... o eso creía.

Ahora el escritorio combinaba perfectamente con la bata, pero la alfombra se veía desgastada y miserable en comparación. Entonces compró una costosa alfombra de Damasco. Después notó que las cortinas tampoco encajaban con el nuevo aspecto de la habitación, así que las reemplazó. Luego cambió los sillones. Después la silla. Más tarde otros muebles y objetos decorativos.

Una compra llevó a otra. Y luego a otra. Poco a poco, Diderot transformó toda la habitación para que estuviera a la altura de aquella elegante bata escarlata. El resultado fue irónico: el hombre que había recibido una fortuna terminó gastándola, tratando de que todo combinara con una sola compra.

Años después, Diderot escribiría sobre esta experiencia sin imaginar que su historia daría nombre a un fenómeno psicológico estudiado hasta nuestros días. Eso es el efecto Diderot: cuando una nueva adquisición crea una cadena de compras adicionales porque sentimos la necesidad de que todo lo que nos rodea esté a la altura de ella.

Las empresas por eso venden productos dentro de ecosistemas completos, donde cada compra parece necesitar otra para estar completa. Lo vemos en la tecnología, la decoración del hogar, los automóviles y es la base del marketing. El problema es que el efecto Diderot puede convertirse en un enemigo silencioso de las finanzas personales. Esto reduce nuestra capacidad de ahorro y puede llevarnos a gastar mucho más de lo previsto.

La mejor forma de combatir este fenómeno es preguntarse antes de comprar: ¿realmente necesito este producto o también tendré que comprar otras cosas para que encajen en mi vida? Comprender el efecto Diderot no significa dejar de comprar. Significa reconocer cómo funciona nuestra mente para tomar decisiones más inteligentes. Así que la próxima vez que quieras comprar algo, ten cuidado con caer en las garras de la mercadotecnia. 

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