Hay que perdonar a Dios

Reflexiones espirituales por Roberto Díaz y Díaz

|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

“La vida, aunque no lo veamos, siempre es bella. Dios, aunque no lo entendamos, siempre es justo”. Es nuestra frase para empezar el día y vivirlo con garra, en buscar lo bello y positivo, disfrutar el ahora. La vida tiene sentido y vale la pena ser vivida. Decía Voltaire: “Todos sufrimos, pero hablar nos alivia”.

Muchas personas se preguntan: ¿por qué las cosas malas le suceden a la gente buena? Y muchos ingenuos se responden: “Dios le da a cada quien el dolor que pueda soportar”. Si lo anterior fuera cierto, ¿qué culpa tendría un niño con cáncer de las culpas de sus padres? Es claro que esto lo inventan las almas sensibles para soportar el dolor, conllevar el sufrimiento y encontrarle sentido a las desgracias personales.

Según el Rabino Harold Kushener, nuestra creencia en Dios se sustenta en tres principios: Primera: si algo malo nos sucede debe de ser por culpa nuestra. Segunda: Dios es bueno y misericordioso. Y tercera: Dios es todopoderoso. Es claro que Dios es todopoderoso, pero Él ha decidido autolimitarse, ha hecho un compromiso y una alianza con la humanidad, porque no puede alterar ciertas reglas creadas por él mismo. Entre éstas están la libertad del ser humano y las leyes de la naturaleza. En consecuencia, la conducta de unos afecta a la conducta de otros (incluso de los buenos). Así, los terremotos, los ciclones y las desgracias naturales no entienden de ética y las bacterias, los virus y los parásitos no saben nada de moral.

Jesús, sin haber pecado, sufrió un calvario horroroso, dejando carne y sangre al ser azotado y destrozado por los centuriones romanos. Y Dios no pudo salvar de una muerte horrorosa a su propio hijo. Por eso Dios no es del todo todopoderoso, pues respeta sus leyes creadas por él mismo. “En la Teología cristiana, la libertad del hombre se respeta hasta en las últimas consecuencias”. Para la Iglesia católica, la libertad del hombre es un dogma de fe. Es por lo cual, cuando a una persona buena le sucede una desgracia a la que no se le busca explicación, no debe de perder la fe, debe resistir la tentación de culpar a Dios y tampoco debe culparse a sí mismo.

“Ni usted, ni Dios son todopoderosos y no siempre sucede lo que nos merecemos”. Entonces viene la pregunta a nuestra mente: ¿para qué sirve Dios si no es todopoderoso?, a lo cual respondemos: para fortalecer y serenar a los que sufren, dándoles fuerzas para seguir luchando, y para inspirar a quienes lo buscan en el amor del prójimo, ofreciéndoles su pan, su perdón y su palabra. Hay que perdonar a Dios por haber creado un mundo tan imperfecto y tan libre.

Pero hay que recordar que hasta para perdonar a Dios necesitamos de Dios mismo. San Agustín resume todo el misterio de la libertad humana y el sentido de la vida en una frase certera: “Dios lo hace todo y el hombre el resto”. Hay que vivir cada día como si fuera el último de nuestra existencia, pues “si no haces lo que quieres, bien puedes querer lo que haces”. Nada resolvemos culpándonos a nosotros mismos o culpando a Dios. Hay que aceptar la enfermedad y el dolor, y pedir apoyo a Dios para que con su amor y misericordia nos dé un bálsamo y esperanza, porque la vida es siempre bella y Dios siempre es justo.

Lo más leído

skeleton





skeleton