Tengo un sueño
Variopinto por Jaime Méndez Mendoza
Es por todos conocido uno de los problemas de salud mental más atrofiantes de nuestra actual humanidad, me refiero a la depresión y ansiedad que afectan de manera alarmante a la población.
Podemos afirmar que esta situación se vuelve antítesis de la frase “Cultura de paz”, que nos ofrece la alternativa de rechazo a la violencia, previniendo los conflictos y actuando con solidaridad y tolerancia hacia los demás.
Tal parece que la neurosis con todas sus máscaras: ira, miedo, preocupación, resentimiento, conmiseración, ansiedad y celos, nos está ganando la partida. Cada vez más personas caen en esta situación, alejándose de una vida tranquila y sosegada; el control de las emociones ha dejado de estar en nuestras propias manos y ha pasado a otras manos. Ahora la expectativa de sanación está en los miles de consultorios en donde terapeutas, psicólogos, psiquiatras, sacerdotes, pastores y como nueva opción hasta los filósofos, ofrecen un cúmulo de consejos, sugerencias, sesiones, terapias, medicinas y drogas que se vuelven toda una oferta de recetas para “sanar”.
Este breve mensaje pretende abonar otra opción a ese ejército de “sanadores de la humanidad”. Así como la filosofía ahora también representa una alternativa para mitigar nuestros problemas de salud mental (como ejemplo, léase: “Más Platón, menos Prozac”), también la Lectura es una válvula que inyecta vida y salud.
Leer representa una vía para sanar, y este proceso adquiere validez cuando compartimos esas lecturas en compañía de amigos, vecinos, familiares y colegas.
Las salas, clubes, círculos de lectura y bibliotecas son en sí consultorios de sanación. Nada es más gratificante para el espíritu que reunirse con un grupo de buenos amigos a reflexionar sobre alguna lectura, sea una novela, un cuento, leyenda, o inclusive alguna película. Si lo hacemos absorbiendo una rica infusión de café, té o refresco, en un lugar tranquilo y sin presiones, se vuelve terapéutico y sanador.
Es como si fuera una sesión de AA (Alcohólicos Anónimos) o de NA (Neuróticos Anónimos), que son maravillosas asociaciones con un programa netamente espiritual de sanación.
Quisiera expresar al estilo de Martín Luther King con su frase: “I have a dream”: Yo también “tengo un sueño”, tal, que pretende hacer realidad el triunfo de todos los programas para promover la lectura en nuestro querido México. Un sueño que en sí mismo alumbra a toda una generación de niños y jóvenes que hoy en día tan sólo tienen segura una vida con más tecnología, enfrentados a una realidad que está dejando de serlo para convertirse aceleradamente en lo que ahora se denomina la “realidad virtual” o sea la mayor mentira jamás creada.
Hoy, tengo un sueño… sueño con ver algún día en mi país más de tres millones de salas de lectura, distribuidas en 232 mil escuelas públicas, en donde cada aula, cada salón de clases, sea convertido en un pequeño club de lectura, en donde los alumnos lean y reflexionen juntos en el inmenso océano de la literatura; en donde cada maestro sea un Mediador de lectura comprometido, en donde cada día al terminar las clases se dedique al menos 45 minutos diarios a leer, para alimentar mente y espíritu y donde la lectura compartida revalorice este bello arte.
Si queremos que México se convierta en una verdadera potencia no basta con el desarrollo económico, la potencia de México está en las mentes de los niños y jóvenes; deseo al despertar, encontrarme con millones de mentes críticas, en un país que tenga sueños y que… despierte.
Hoy, tengo un sueño.
