¡El bendito certificado médico!

Lo que otras veces había sido un trámite relativamente sencillo, quizá el menos complicado de todos los que contempla el catálogo de trámites...

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Lo que otras veces  había sido un trámite relativamente sencillo, quizá el menos complicado de todos los que contempla el catálogo de trámites locales,  en esta ocasión se convirtió en el calvario y peregrinar de un ciudadano que quedó atrapado en el laberinto de indicaciones inexactas y discordantes, ante una eventualidad no prevista por funcionarios menores de la estructura burocrática estatal. He aquí la odisea:

La semana pasada me dirigí muy temprano (sabedor de que “el que madruga Dios lo ayuda”) al Centro de Salud  Urbano número 1 de esta ciudad de Cancún. Ahí, en el pasado,  había gestionado el Certificado Médico de buena salud, sin más que formarme, mostrar mi licencia de conducir y pagar. La licencia era necesaria para verificar el tipo de sangre del solicitante, dato que se transfiere  al Certificado Médico. No había preguntas, no había consulta, tampoco chequeo de la presión arterial, muestra de sangre, nada de nada. Una vez pagado el importe, te decían que pasaras más tarde a recogerlo, y si no había mucha gente, te lo daban casi en el momento. El trámite más sencillo de todos.

Esa mañana, pues, entré muy sonriente al Centro de Salud. La persona detrás de la ventanilla, igual me recibió con relativa cordialidad. ¿Trae algún documento en el que venga su tipo de sangre? Me preguntó sin mayor formalidad. Claro – le respondí aún con la sonrisa a flor de piel. Le extendí mi licencia de conducir  vigente hasta el 2029, pensando que lo demás sería lo de siempre: pagas, y te dicen que regreses más tarde o que esperes unos minutos….

Pero la sonrisa se me congeló en el rostro. – No tiene su tipo de sangre, señor, me dijo al tiempo que me explicó que las licencias de conducir actuales ya no traen ese dato al que nunca dimos importancia. A ver- le dije, y empecé a escudriñar con lupa los datos. Pero no, después del llamativo diseño de letras de “CANCUN”, no había más que la frase “Tierra de Esperanza” 2021-2024. Atrás debe de estar, pensé, pero nada.

En un gesto de comprensión (o de compasión) la señora de la ventanilla me explicó que podía llevar mi licencia anterior, si es que aun la conservaba o en su caso, pasar ahí mismo a consultar con el médico, para  recibir un delicado pinchazo y que previo pago, me extendería una papeleta haciendo constar mi tipo de sangre. Opté por ir a buscar mi licencia antigua y regresar ¡Gran error! Todavía me arrepiento….

Para empezar, tuve que revolver mi archivero para encontrar dos días después, una copia a color de la licencia anterior, expedida por la administración municipal 2018-2021, muy parecida en su formato, salvo que debajo de la palabra CANCUN se lee “Tierra de Todos” ( Quizá la Esperanza no era muy necesaria). El miércoles volví al mismo Centro de Salud, nuevamente con la sonrisa en los labios, con el ego quizá un poco crecido por no haber permitido que me pincharan el dedo para saber cuál era mi tipo de sangre, ya que yo soy una de las pocas personas en el mundo que conservan documentos antiguos sin valor, como lo era una copia a color de la licencia de chofer. Mi copia era mi trofeo anticipado por la batalla que estaba a punto de ganar… o eso creía.

Una chica al parecer de las que realizan su servicio social, me recibió en la puerta y después de decirle el motivo de mi visita, me dijo con cara de preocupación “… es que se terminaron los formatos hace dos días y no nos han dicho cuándo enviarán otros”…. Silencio sepulcral. La joven me dijo: pero le doy un consejo: vaya al centro de salud que está al lado del estadio Cancún 86, ahí sí deben tener formatos. Para asegurarse que su consejo era efectivo, me preguntó ¿Si sabe dónde está el Estadio, verdad? Solamente le dije que sí, y le di las  gracias, no profundicé explicándole que yo había visto construir ese inmueble deportivo, durante la administración municipal del licenciado Joaquín González Castro y que su nombre hace referencia a la sede mundialista de futbol en nuestro país, en 1986 (México 86). Y hacia allá me dirigí, repitiéndome en todo momento que una circunstancia no iba a arruinar mi  día. Total, un recorrido extra, fuera del itinerario programado para ese día, era peccata minuta.

Entré a ese Centro de Salud, todavía esbozando una sonrisa, no tan marcada como la de unos minutos antes, pero sin revelar molestia alguna. En la entrada me recibió una mujer con el uniforme de policía. Sin ser sus funciones, me explicó, con su mejor tono y  de manera amable (aunque un poco cuatrapeada en su exposición)  que “había nuevas disposiciones de la Secretaría de Salud” (supuse que la estatal),  en el sentido de que ya ahora los certificados médicos serían digitales. Hasta ahí, pensé “¡Qué bien, nos estamos modernizando en favor de hacerle aún más fácil  el trámite a los ciudadanos!”. Y  cuando creí que me diría donde debía pasar a pagar, me enfatizó, “ah, y las nuevas disposiciones también dicen que el centro de salud donde se solicita el trámite debe ser el del domicilio de la persona que lo solicita” ¡PLOP! Me pidió mi recibo de luz, el cual traía en mi vehículo por casualidad y se lo mostré. Se fue al fondo del pasillo y regresó con unas hojas en las que venían las regiones o colonias de la ciudad y los números de las unidades médicas a las que correspondía la zona. – A usted le toca en la clínica de la 516, me dijo como si yo estuviera pidiendo una consulta médica. Y remató “Ahí le darán el certificado” y todavía me señaló que debía llevar el comprobante de domicilio, mi INE, mi CURP y un documento en el que se especificara mi tipo de sangre. Solamente alcancé a darle las gracias, no quise rebatirle ni confrontarme con ella por qué pedían más documentos que en la Clínica 1, ya que, después de todo, había sido amable y solamente me repetía las indicaciones de algún funcionario menor, seguramente.

Después de más de media hora de sortear el tráfico de la mañana, llegué a la Clínica de la Región 516 (clínica 13, al parecer). Ahí un señor mayor de 65 años, con el uniforme desgastado de policía, me recibió igual de amable que la chica policía de la clínica anterior. Todos muy amables pero sin saberlo, cada uno con información disociada, como si no hubiera un titular o una cabeza de mando en esa dependencia estatal que estuviera pendiente de que ese tipo de situaciones aparentemente intrascendentes no trascendiera… El hombre se rascó la cabeza y me miró diciendo  “Qué extraño que lo hayan enviado para acá, hace meses que esta clínica ya no expide los certificados”. Segundo ¡PLOP! Pero no se preocupe (esa frase la había venido escuchando repetidamente en el transcurso de esa mañana), “vaya a la clínica que está frente al panteón, cerca del CERESO, ahí le darán el documento que solicita.

A esas alturas del partido, estuve a punto de tirar  la toalla y salir corriendo, pero la afrenta, el asunto, ya se había convertido en una cuestión  personal. Dije “ahora voy”, solamente para no quedarme con la duda de cuál sería la respuesta ahí. Llegué a la que creí que era la clínica del Panteón, casi enfrente de ese Santo lugar, donde descansan en paz  los que ya no tienen trámites terrenales que realizar. 

Tenía que ser esa la clínica. Había mucho movimiento de personas. Pegado a la banqueta, estaba estacionado un camión con personas con chalecos guinda que bajaban cajas de algo. Pregunté en la entrada si ahí era la clínica de salud, y si ahí daban el certificado médico. Todos se me quedaron viendo, como que algo no encajaba y entonces me preguntó una mujer a quien le estaban checando la presión arterial en la entrada del inmueble ¿El documento lo necesita para el programa de alimentos?  Extrañado le dije que no, y me contestó -entonces debe ser en la clínica que está a media calle de aquí, al lado de donde están los puestos de flores-.

Tuve que pasar dos veces, lentamente frente a los puestos donde varias mujeres venden flores de diferentes variedades,  las que compran las personas que van a visitar a los que yacen enfrente. En la primera no vi ninguna clínica. Y a punto de renunciar a mi pretensión de conseguir el bendito certificado médico, di una  segunda vuelta y descubrí que detrás de las florerías, se veía un edificio con características distintas a las de la zona. A la vuelta efectivamente estaba la clínica perdida. Una persona del sexo femenino, también amable, me recibió en la entrada y me explicó que SÍ,  ahí se expedían los certificados, pero que por el momento ¡se habían agotado los formatos y que regresara al día siguiente, esperando que ya les hubieran llegado! Tercer y último ¡PLOP!

PD.- El viernes, ya completamente relajado y preparado mentalmente para recibir una respuesta en sentido negativo, decidí acudir a la Clínica de Salud Urbana número 1, ahí donde había iniciado mi periplo ocho días antes…. Tras la ventanilla, la persona encargada me dijo que ya les habían llegado los formatos, lo cual era una muy buena noticia.  Me pidió mi documento en el que se especificaba mi tipo de sangre, me preguntó mi edad, me cobró cien pesos sin darme recibo,  y me soltó la frase tranquilizadora: “espere unos minutos, enseguida se lo elaboramos”…. En realidad, el trámite más sencillo y más rápido de todos los que contiene el catálogo de la tramitología estatal y municipal…

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