El mayor desafío

El mayor desafío de los derechos humanos en Quintana Roo no está en la norma, sino en su conocimiento y su aplicación. Una frase de la ombudsperson Omega Ponce...

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El mayor desafío de los derechos humanos en Quintana Roo no está en la norma, sino en su conocimiento y su aplicación. Una frase de la ombudsperson Omega Ponce (“que todos los conozcan y las personas servidoras públicas puedan respetarlos”) no es retórica: es un diagnóstico puntual de una deuda persistente.

Durante años la Comisión de los Derechos Humanos del Estado arrastró inercias que terminaron por erosionar su eficacia. El rezago de expedientes, cercano a los 300 casos al inicio de la actual gestión, evidenciaba no solo saturación administrativa, sino una falla más profunda: víctimas que esperaban justicia sin respuesta. Ese atraso no acumulaba documentos, sino desconfianza.

Ahora el viraje es evidente. Más del 70% de ese rezago ha sido abatido y los expedientes pendientes se han reducido a decenas, en algunos cortes incluso a mínimos históricos. Atender dicho pasivo implica ordenar la casa, pero también enviar un mensaje claro: la institución puede responder.

El alcance de la estrategia va más allá de lo correctivo. La prevención es una pieza fundamental. Capacitaciones a personas servidoras públicas, talleres en distintos sectores y actividades de difusión buscan cerrar la brecha que da origen al desconocimiento. Porque donde no hay formación, suele haber abuso o negligencia.

En ese detalle radica la clave del planteamiento. Si quienes ejercen funciones públicas comprenden que los derechos humanos son una guía y no un obstáculo, el impacto se traduce en mejores decisiones, servicios más dignos y menor conflictividad. La Comisión estatal deja de ser únicamente reactiva para convertirse en un actor que incide en la cultura institucional.

El beneficio es doble. Por un lado, fortalece su credibilidad al resolver pendientes históricos y profesionalizar su operación; por otro, la sociedad gana certidumbre: saber que sus derechos no dependen de la voluntad, sino de prácticas cada vez más alineadas a la legalidad.

El desafío, sin embargo, sigue siendo profundo. Difundir, capacitar y transformar inercias no es tarea de corto plazo.

En derechos humanos el verdadero avance no está en la palabra, sino en la conducta, más en una época donde los derechos, las libertades y los beneficios suelen aparecer en todos los discursos. Es ahí donde Quintana Roo empieza a cerrar una brecha en la materia.

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