Viacrucis en el PRI

El PRI vive su viacrucis político. Por estos días el otrora partido poderoso sufre por reclamos, fugas e indiferencias. Internamente, casi nadie responde al llamado de su dirigente...

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El PRI vive su viacrucis político. Por estos días el otrora partido poderoso sufre por reclamos, fugas e indiferencias. Internamente, casi nadie responde al llamado de su dirigente nacional "Alito" Moreno para volver al partido activamente. En Quintana Roo, referentes como Pedro Flota Alcocer suspenden su militancia por estar en desacuerdo con decisiones de la dirigencia estatal de Cora Amalia. Los posibles aliados, como PAN y Movimiento Ciudadano, prefieren alejarse sin misericordia.

El panorama es sombrío hacia el 2027 de elecciones clave. Atraviesa una de las etapas más críticas de su historia, no solo por las derrotas electorales conocidas los últimos años, sino por su incapacidad para redefinirse con honestidad frente a un país que parece tener favorito en las urnas. No perdió únicamente votos: perdió narrativa, credibilidad y rumbo.

Durante décadas el priísmo fue sinónimo de control político y eficacia operativa. Hoy, en contraste, transmite desconcierto. No logra articular una oposición sólida frente a la 4T ni ofrecer una alternativa que conecte con las demandas actuales.

Su discurso parece anclado en inercias del pasado más rancio, mientras la realidad exige autocrítica y renovación profunda. Nada de ello se detecta en las posturas de su intransigente "líder".

Alejandro Moreno encarna una dirigencia cuestionada, más enfocada en la supervivencia interna que en la reconstrucción. El resultado es un partido que se repliega y que administra su debacle en lugar de enfrentarlo.

Ni se diga de su crisis de identidad. El PRI ya no representa con claridad a las clases populares que alguna vez fueron su base ni a los sectores productivos que encontró en su etapa tecnocrática. Quedó atrapado en una zona gris: sin proyecto ideológico definido, sin causa movilizadora y sin relato que entusiasme.

La alianza que compartió en su momento con el PAN y el extinto PRD, lejos de fortalecerlo, diluyó aun más su perfil. El electorado no distingue qué propone el PRI por sí mismo. Esa indefinición lo vuelve desechable. Esa triste versión del PRI nacional es muy parecida a la del tricolor caribeño.

¿Va a la muerte política? Es complicado asegurarlo. Hay quienes afirman que conserva cierta estructura territorial, cuadros con experiencia y presencia en espacios estratégicos. ¿Podrá reinventarse sin romper con lo que fue? Hasta ahora la respuesta parece negativa.

Lo dicho: vive su propio viacrucis.

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