Congelación en la piel: riesgos, señales tempranas y prevención
El frío extremo en Estados Unidos ha provocado un aumento de emergencias médicas, desde fracturas hasta eventos cardíacos relacionados con palear nieve.
Mientras en algunas regiones el invierno ha pasado casi desapercibido, en Estados Unidos el frío extremo ha marcado récords históricos. Nevadas persistentes y temperaturas peligrosamente bajas han provocado un aumento de emergencias médicas en todo el país, desde fracturas por caídas hasta eventos cardíacos relacionados con palear nieve.
Sin embargo, una de las amenazas más silenciosas —y graves— es la congelación.
La congelación resulta especialmente peligrosa porque adormece los nervios, lo que impide que la persona perciba el daño hasta que la lesión es severa. La doctora Emily R. Nadelmann, dermatóloga certificada y profesora clínica adjunta en la Facultad de Medicina de la Universidad George Washington y de la Universidad de Maryland, explica cómo identificarla, tratarla y, sobre todo, prevenirla.
Las cuatro fases de la congelación
La congelación no ocurre de manera inmediata. Se desarrolla en distintas etapas conforme el tejido pierde temperatura:
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Precongelación: el tejido se enfría y los vasos sanguíneos se contraen, reduciendo el flujo de sangre, aunque aún no se forman cristales de hielo.
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Congelación–descongelación: aparecen cristales de hielo dentro o fuera de las células, dañando su estructura. Al recalentarse, puede producirse inflamación severa.
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Estasis vascular: la circulación se vuelve inestable y el daño progresa.
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Fase isquémica tardía: se intensifica la inflamación, los vasos sanguíneos se estrechan de forma intermitente y se forman coágulos que pueden causar la muerte del tejido.
Síntomas que no deben ignorarse
Nadelmann recalca que la congelación temprana suele provocar frío intenso, hormigueo, ardor o dolor agudo, que puede evolucionar a entumecimiento cuando la temperatura de la piel desciende por debajo de los 50 grados Fahrenheit.
Antes de recalentarse, la piel puede verse roja, luego blanca y cerosa, y sentirse dura, “como de madera”. Tras la descongelación, la gravedad real de la lesión se vuelve más evidente.
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Primer grado: entumecimiento, enrojecimiento y manchas blancas o amarillas.
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Segundo grado: aparición de ampollas transparentes o lechosas.
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Tercer grado: daño profundo con ampollas llenas de sangre.
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Cuarto grado: afecta grasa, músculo y hueso, con riesgo de pérdida permanente de tejido.
Las manos, pies, mejillas, orejas y nariz son las zonas más vulnerables, ya que el cuerpo reduce el flujo sanguíneo hacia ellas para proteger los órganos vitales.
Actuar rápido puede salvar tejido
El recalentamiento rápido es fundamental. Se recomienda sumergir la zona afectada en agua tibia, entre 99 y 104 grados Fahrenheit, durante 20 a 30 minutos.
Nadelmann aclara que el agua debe sentirse agradablemente tibia, nunca caliente. Si no hay agua disponible, puede usarse el recalentamiento por aire. Es importante retirar joyas y ropa ajustada antes de que aparezca la hinchazón.
No se debe frotar la piel congelada ni caminar sobre extremidades afectadas, ya que el tejido entumecido no percibe el daño. En casos graves, es indispensable acudir de inmediato a un hospital, preferentemente dentro de las primeras 24 horas, para reducir el riesgo de amputación. Algunos pacientes requieren atención en centros especializados en quemaduras.
Congelación y síndrome de Raynaud: no son lo mismo
Aunque ambos están relacionados con el frío, el síndrome de Raynaud se caracteriza por espasmos temporales de las arterias, que provocan cambios de color en la piel. A diferencia de la congelación, no se forman cristales de hielo ni hay daño celular permanente, y los episodios suelen durar minutos u horas.
El fenómeno de Raynaud, frecuente en mujeres jóvenes, puede aumentar la vulnerabilidad ante el frío extremo.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Personas con diabetes, enfermedades cardiovasculares, hipotiroidismo o enfermedad vascular periférica enfrentan un riesgo mayor, al igual que fumadores, quienes consumen alcohol o ciertos medicamentos que reducen el flujo sanguíneo. También son más vulnerables los niños, adultos mayores, hombres, personas afroamericanas o afrocaribeñas y quienes han sufrido lesiones previas por frío.
El riesgo se incrementa en altitudes superiores a los 5 mil metros y en agua de mar muy fría, donde el tejido humano puede congelarse a 31 grados Fahrenheit.
Ante frío extremo, limitar el tiempo al aire libre, revisar con frecuencia las extremidades y reaccionar de inmediato ante el entumecimiento puede evitar una emergencia médica. La información y la prevención también salvan vidas.
Con información de New York Post
