Guerra en Irán y aranceles atacan a productores de soya en EU
Los aranceles impuestos por Donald Trump en 2025 desencadenaron una guerra comercial con China, principal comprador de soya estadounidense.
En Estados Unidos, el panorama para los productores de soya se vuelve cada vez más incierto. En su granja de Nebraska, Doug Bartek —agricultor de quinta generación— resume la situación con crudeza: “el agricultor está contra la pared”.
A sus 60 años, Bartek enfrenta una tormenta perfecta. Los costos de insumos como fertilizantes, semillas, maquinaria y combustible se han disparado, mientras los precios de la soya permanecen deprimidos por un exceso de oferta global. A esto se suman los efectos persistentes de los aranceles comerciales y las tensiones geopolíticas, incluida la reciente guerra con Irán, que ha alterado cadenas de suministro.
UNA PRESIÓN QUE NO DA TREGUA
Agricultores de estados como Dakota del Norte, Iowa, Illinois y Wisconsin comparten la misma preocupació que Bartek: producir cada vez cuesta más, pero vender deja menos.
El encarecimiento de los fertilizantes —agravado por las interrupciones en el estrecho de Ormuz tras el conflicto con Irán— ha golpeado especialmente al sector. Aunque la soya requiere menos fertilización nitrogenada, el maíz —cultivo complementario para muchos productores— depende fuertemente de estos insumos.
Con el suministro global restringido, los precios de productos como la urea se han disparado. A la par, el aumento en los precios del diésel añade más presión.
“Usamos mucho combustible, y es difícil saber si saldremos ganando o perdiendo”, advierten productores.
EL PESO DE UNA GUERRA COMERCIAL
Los problemas actuales también tienen raíces en decisiones políticas recientes. Los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump en 2025 desencadenaron una guerra comercial con China, principal comprador de soya estadounidense.
Beijing respondió con aranceles de represalia y una reducción significativa en las importaciones desde Estados Unidos. Aunque posteriormente se alcanzó un acuerdo para reactivar compras, el daño ya estaba hecho. China fortaleció sus lazos con otros proveedores, especialmente Brasil, hoy líder mundial en producción de soya.
El resultado: las exportaciones estadounidenses siguen entre 15% y 20% por debajo de lo esperado, según expertos.
UN MERCADO SATURADO Y MENOS RENTABLE
La producción mundial de soya ha batido récords en los últimos años, generando una sobreoferta que mantiene los precios bajos. Al mismo tiempo, los costos operativos —desde pesticidas hasta renta de tierras— continúan en ascenso. En regiones donde predomina el arrendamiento agrícola, muchos productores enfrentan aumentos en los alquileres impuestos por propietarios que buscan compensar mayores impuestos.
Este desequilibrio ha provocado márgenes negativos generalizados. Incluso con apoyos federales, agricultores reportaron pérdidas cercanas a 75 dólares por acre en 2025.
Las consecuencias ya comienzan a reflejarse en indicadores preocupantes. Las quiebras agrícolas han aumentado, y casi la mitad de los productores encuestados recientemente asegura estar en peor situación financiera que el año anterior. Además, crece la consolidación del sector: menos granjas, pero más grandes y dependientes de maquinaria costosa, lo que eleva el riesgo financiero.
UN FUTURO INCIERTO
A pesar de todo, Bartek sigue aferrado a la tierra. Tras más de cuatro décadas en el campo, el inicio de la siembra aún le entusiasma. Pero la incertidumbre pesa.
Entre historias de bancarrotas, subastas de tierras y crisis personales en el sector, surge una pregunta que muchos agricultores comienzan a hacerse: ¿vale la pena seguir?
En palabras del propio Bartek, la agricultura se ha convertido en una apuesta de alto riesgo, donde se invierten millones con la esperanza —cada vez más incierta— de cosechar ganancias.
Con información de AP
