A la luz de la cruz de Jesús
Reflexiones espirituales por Roberto Díaz y Díaz
“A la luz de la cruz, de Jesús”: es una frase de San Juan de la Cruz, ¡qué profunda es y cuánta enseñanza conlleva! ¿Hoy estás en plan de reclamo a la vida, o estás en aceptar tu existencia y vivir la vida en plenitud? ¿Por qué te agitas y te confundes por los problemas que trae la vida? Deja de controlar las cosas y, poco a poco, irán mejorando y verás la luz de Jesús en tu vida.
En esta Cuaresma, Cristo tiene tu plan de vida, pero tú te afanas en hacer lo que quieres y no en llevar a la práctica el plan de Dios. No se te olvide, Cristo no te da siempre lo que quieres, pero sí te da lo que necesitas. Cuando te entregues totalmente a él, todos tus problemas serán resueltos con tranquilidad de acuerdo a los planes de él. No te frustres, no lo apresures. Él es tu Dios y sabe mejor que tú lo que más te conviene. Cierra los ojos de tu mente y abre los ojos de tu corazón y háblale quedo al oído a ese tu Dios que tanto te quiere: “Jesús, yo en ti confío”. Y trata de evitar esos pensamientos que te angustian.
Entrégate a él con confianza y con fe, deja tu futuro en sus manos. No trates de razonar tu vida ni de cuestionar por qué te suceden las cosas que pasan. Simplemente exclama pidiendo su luz, su pan y su palabra, y di todos los días: “A la luz de la cruz de Jesús”. No seas como el sujeto impaciente que le dice al doctor: “Cúreme”, pero le sugiere al médico cuál es la mejor medicina para que use.
Hoy puedes dejarte curar por ese Jesús médico y aflojar el paso para que él cure tus heridas del alma e ilumine tu vida con su amor y su fortaleza, pues es el médico que todo cura y el agua viva que toda sed sacia. Si el día de hoy sientes en tu vida que los problemas te agobian y no ves un futuro claro y prometedor; si las cosas se vuelven peores o más complicadas y no encuentras una solución aun orando, tú simplemente exclama: “A la luz de la cruz de Jesús”. Tal vez hoy Jesús se moleste cuando le obligues a hacer lo que tú quieres que él haga y te diga: “No ates mis manos con tus absurdas preocupaciones, confía en mí y descansa en mí, entrégate a mí. Yo hago milagros en la medida en que tú te abandones a mí y conforme a la fe que me tengas. Yo soy tu Dios y sé lo que más necesitas y no lo que tú quieres. Deja tus problemas a mi custodia y disfruta la vida que te di cuando morí en la cruz por ti”.
A Jesús no le gusta hacer milagros solo, necesita de tu confianza, de tu fe y de que lo acompañes con la oración y la acción. Porque la fe que no se manifiesta en obras son palabras muertas. Que nuestros labios pronuncien todos los días: “A la luz de la cruz de Jesús”. Y encontraremos luz a nuestros problemas, claridad para resolver nuestras dudas, y nuestra vida se iluminará con su amor y su gracia.
