Rolihlahla Mandela

Reflexiones, columna de Hortensia Rivera Baños: Rolihlahla Mandela

|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

“Ser libre no es solamente desamarrarse las propias
cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore
la libertad de los demás”.
“La educación es el arma más poderosa para cambiar
el mundo, luchar contra la pobreza no es un asunto de
caridad, sino de justicia”.
Nelson Mandela

Su padre lo nombró Rolihlahla Mandela, que en Xhosa -lengua Níger, Congo oficial en Sudáfrica, significa literalmente “arrancar una rama de un árbol”, pero, en el lenguaje coloquial su significado es bastante diferente y se aproxima más a “revoltoso”. Él, nunca creyó que un nombre fuera la predestinación. Fue hasta que, en sus primeros años de escuela, una maestra le cambiara el nombre para que a los británicos se les facilitará la pronunciación, Nelson fue el nombre elegido y el mundo lo conocería no solo por éste, si no por su incansable lucha contra la opresión racial.

Nelson Mandela, apodado como “Madiba”, nació un 18 de julio de 1918 en Mvezo, Provincia Cabo Oriental, Unión Sudafricana. Abogado, político, activista, filántropo, escritor y pensador. La vida del
Nobel de la Paz estuvo atestada de desazones, de una lucha incansable contra el apartheid, que es un sistema político y social de segregación racial, entre blancos y negros; este sistema se instaló en la república sudafricana y otros estados sudafricanos.

Mandela viajó por todo el país alzando la bandera de la paz, de la no violencia, como protesta de manera pacífica contra la discriminación racial. En 1960, después de la masacre de Sharpeville, donde las fuerzas policiales atacaron a personas que protestaban contra el apartheid dejando un saldo de 250 muertos y heridos, Mandela comenzó una pugna directa contra el gobierno, esto le valió 27 años de prisión.

Mandela fue juzgado por sabotaje, traición y conspiración, lo condenaron a cadena perpetua, librándose de milagro de la pena de muerte. Este tiempo en prisión le sirvió al líder político, no solo como
trampolín para su carrera de pensador y escritor; sino que junto con su lucha contra la segregación racial lo convirtieron en un símbolo para la comunidad internacional.

En 1990 fue liberado y aún estaba intacto su espíritu de justicia, y comenzó una negociación con el gobierno para que se sustituyera el apartheid por una democracia. Su incesante lucha lo llevó a recibir
en 1993 el Premio Nobel de la Paz, y un año después el mundo entero presenció la subida al poder de un hombre de color, que luchó por los derechos raciales de una Sudáfrica oprimida por el racismo. La educación, la vivienda, el desarrollo económico, iniciativas políticas que no estaban destinadas para la comunidad de color, Mandela las impulsó y les dio cabida dejando en claro que la paz y la justicia
social eran prioridad.

Dejó la presidencia en 1999, sin embargo, su voz siguió siendo referente en el mundo entero. El 5 de diciembre de 2013 falleció víctima de una infección respiratoria aguda a los 95 años. El legado de Mandela, su resiliencia esperanzadora, su inmensa fortaleza, nos invita a la reflexión en estos momentos de crisis e incertidumbre social.

Lo más leído

skeleton





skeleton