Perspectiva de infancia: una deuda que sigue vigente

Palabra de mujer, columna de Ivette Laviada: Perspectiva de infancia: una deuda que sigue vigente

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El mes de abril nos invita, como cada año, a mirar hacia la niñez. Abundan los festivales, los regalos y las celebraciones por el Día del Niño. Sin embargo, más allá de lo festivo, vale la pena hacernos una pregunta de fondo: ¿qué lugar ocupa realmente la infancia en nuestras prioridades como sociedad?

Hoy México vive una etapa política definida, con un gobierno en funciones y una ruta trazada hacia el 2030. En este contexto, la infancia no debería ser un tema accesorio ni intermitente, sino un eje permanente de acción pública.

La evidencia es contundente. La primera infancia —desde la gestación y los primeros años de vida— es una etapa crítica en el desarrollo de la persona.

En ella se configuran las bases del aprendizaje, la salud física y emocional, la capacidad de relacionarse, de tomar decisiones y de construir proyectos de vida.

Durante estos primeros años se desarrollan los sistemas metabólicos y neurológicos que permitirán al individuo aprender, planear, resolver problemas, regular sus emociones y convivir en sociedad. Incluso
factores como la propensión a la violencia o a enfermedades crónicas están profundamente vinculados a las condiciones en las que se vive esta etapa.

Por ello, hablar de una verdadera perspectiva de infancia implica mucho más que buenas intenciones. Supone diseñar e implementar políticas públicas integrales que coloquen a los niños y niñas en el centro de las decisiones. Algunos ejes son fundamentales:

Salud y nutrición. Garantizar acceso a servicios de salud de calidad desde el embarazo, así como programas efectivos de vacunación, alimentación adecuada y acompañamiento a madres y padres.

Educación y desarrollo temprano. Impulsar el acceso a educación inicial de calidad, en entornos seguros y libres de sesgos ideológicos, que favorezcan el desarrollo cognitivo y socioemocional desde los primeros años.

Protección infantil. Fortalecer los sistemas que previenen y atienden la violencia, el abuso y la negligencia, asegurando que ningún niño quede desprotegido.

Igualdad de oportunidades. Reducir las brechas que limitan el desarrollo de millones de niños, para que todos tengan la posibilidad real de alcanzar su máximo potencial.

Pero hay un elemento que no puede quedar fuera de esta visión: la familia.

Es en ella donde los niños encuentran —o deberían encontrar— su primer espacio de cuidado, protección y formación. Por ello, apostar por la infancia implica también fortalecer a las familias, acompañarlas y generar condiciones para que puedan cumplir su misión.

El Estado tiene un papel fundamental, pero no puede sustituir el vínculo que se construye en el hogar. Puede —y debe— apoyar, orientar y proteger, pero nunca reemplazar.

En el mes de la niñez, más que celebrar un día, estamos llamados a asumir una responsabilidad.

Porque el futuro del país no se construye en los discursos… se construye en la vida concreta de cada niño. Y una sociedad que no pone a su infancia en el centro, termina por dejar su propio futuro en la periferia.

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