¿Quién representa a Yucatán?
Palabra de mujer, columna de Ivette Laviada: ¿Quién representa a Yucatán?
En los últimos meses hemos visto crecer una tensión jurídica y política que preocupa a muchos ciudadanos yucatecos: la presión que la Suprema Corte de Justicia de la Nación está ejerciendo sobre el Congreso del Estado para eliminar de nuestra Constitución local la protección de la vida desde la concepción.
El tema no es menor. Más allá del debate sobre el aborto, lo que hoy está en juego también es el respeto al federalismo, a la representación democrática y a la libertad deliberativa de los congresos estatales.
Vale la pena recordar cómo nació esta protección constitucional en Yucatán. En 2009 no fue producto de una imposición unilateral ni de un “capricho” legislativo. Surgió de una iniciativa ciudadana respaldada por cerca de diez mil firmas presentadas ante la autoridad electoral y posteriormente aprobada por una amplia mayoría del Congreso local: 24 votos a favor de 25 legisladores. En aquel momento se consideró una reforma legítima y constitucional, resultado de un consenso político
y social muy amplio.
Hoy, años después, pareciera que la voluntad democrática expresada entonces ya no tiene valor si no coincide con la interpretación ideológica predominante en ciertos sectores judiciales.
La preocupación de muchos ciudadanos es clara: ¿puede la Suprema Corte presionar políticamente a legisladores para que voten en determinado sentido?, ¿puede considerarse “desacato” el hecho de que diputados ejerzan libremente su facultad constitucional de debatir y votar conforme a la representación popular que recibieron en las urnas? Porque una cosa es que la Corte interprete la Constitución, y otra muy distinta que sustituya al Poder Legislativo en decisiones que corresponden al debate democrático local.
Los diputados provida que hoy se oponen a retirar la protección constitucional de la vida no llegaron ahí por designación de la Corte, sino por el voto ciudadano. Representan a un sector amplio de la sociedad yucateca que sigue creyendo que la vida humana merece protección desde sus etapas más tempranas y que considera que eliminar esa cláusula constitucional sería un retroceso ético y jurídico.
Además, conviene recordar algo importante: defender la vida no significa abandonar a la mujer. Yucatán necesita fortalecer políticas públicas de apoyo a embarazadas vulnerables, acompañamiento psicológico,
atención médica digna, adopción, protección laboral y redes solidarias que permitan enfrentar embarazos difíciles sin que el aborto sea presentado como única salida.
La verdadera democracia no consiste en imponer una sola visión moral desde el centro del país, sino en permitir que las sociedades deliberemos y construyamos nuestras leyes dentro del marco constitucional.
Por eso preocupa que se pretenda deslegitimar a legisladores que simplemente están representando a quienes los eligieron. Si mañana cualquier Congreso estatal puede ser presionado hasta votar lo que otro
poder desea, entonces el problema ya no será solamente el aborto: será el debilitamiento mismo del equilibrio democrático y del federalismo mexicano.
Yucatán tiene derecho a participar en este debate con libertad, con respeto y sin imposiciones.
