Xavier Batista: cartelista revolucionario (I)
Cuaderno común, columna de Joed Amílcar Peña Alcocer: Xavier Batista: cartelista revolucionario (I)
Uno de los nombres apenas recordados del arte yucateco en el siglo XX es el de Xavier Batista, cartelista, ilustrador y colaborador de la prensa cultural regional que, pese a haber participado en algunos de los proyectos gráficos más significativos del socialismo local, terminó desdibujado en la memoria pública. Su trayectoria aparece hoy dispersa en notas periodísticas, firmas olvidadas en revistas o testimonios de
contemporáneos que apenas permiten reconstruir fragmentos de una vida dedicada a la imagen y a la militancia revolucionaria.
Los registros de su actividad artística se remontan por lo menos a 1917, un momento en el que Yucatán atravesaba intensas transformaciones políticas y culturales. Batista perteneció a una generación de creadores que intentó abrirse paso entre el periodismo ilustrado, la propaganda política y las nuevas formas del arte gráfico. La historiadora Julieta Ortiz Gaitán lo menciona como colaborador de publicaciones de circulación nacional como “El Universal”, “Excélsior”, “Revista de Revistas”, “El Universal Ilustrado”, “Jueves de Excélsior”, “El Heraldo” y “El Heraldo Ilustrado”. Aquellas colaboraciones revelan que Batista no fue un artista aislado en la periferia peninsular, sino alguien que consiguió insertarse, aunque de manera discreta, en los circuitos editoriales del país.
Sin embargo, fue en el contexto del socialismo yucateco donde su obra encontró un lenguaje propio. Simpatizante del gobierno de Felipe Carrillo Puerto, Batista participó como ilustrador en la revista “Tierra”, uno de los órganos culturales y políticos más representativos de aquel proyecto. Algunas de sus portadas de 1923 permiten advertir los rasgos que definirían su estilo: figuras sintetizadas, composiciones de fuerte carga simbólica con inclinación por el lenguaje visual del cartel político. Firmaba únicamente con las iniciales “X. B.”. Sus imágenes no buscaban solamente ilustrar, aspiraban a construir una sensibilidad política fusionando modernidad gráfica con discurso ideológico.
Para finales de la década de 1920, Batista ya era identificado como un artista singular dentro del medio cultural yucateco. Un comentarista a su obra señalaba que sólo los “retardados” y los “no iniciados” dudaban de su obra, al tiempo que destacaba en él “el deseo de aventurarse en caminos a veces exóticos en busca de la belleza”. La frase resulta reveladora no solo por el tono provocador, sino porque muestra cómo
su trabajo era percibido como una exploración estética poco convencional, acaso demasiado moderna para ciertos públicos locales. Batista parecía habitar una zona intermedia entre el arte militante y la experimentación visual.
Su cercanía con los grupos políticos del socialismo persistió incluso después de la caída del carrillismo. Continuó colaborando con las distintas etapas de la revista oficial de la Liga Central de Resistencia,
dejando nuevas muestras de su inclinación por el cartelismo. Para 1930, su firma es más estilizada, denotando la maduración de su estilo gráfico, con apropiación de los recursos visuales del diseño político moderno: tipografías dinámicas, figuras monumentales y una composición pensada para impactar de inmediato al espectador.
Pero la historia de Xavier Batista también es la de muchos creadores regionales cuyas aspiraciones terminaron subordinadas a las estructuras políticas y burocráticas de su tiempo. Como otros intelectuales cercanos al socialismo yucateco transitó entre el arte, la propaganda y el servicio público. En su andar por las fronteras entre la militancia y la intelectualidad no le fue tan bien como a otros. (Continuará).
