Risas: entre el más allá y el más acá

Bufete jurídico, columna de José Luis Ripoll Gómez: Risas: entre el más allá y el más acá

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Quien nos hace reír es un cómico.
Quien nos hace pensar y luego reír es
un humorista.
George Burns

Es verdad que el amor y la risa son inventos humanos. No existen en la naturaleza. Somos los humanos los que en ocasiones queremos ver ambos en los animales. En tiempos de guerra, de enajenantes redes sociales, de envidias, de competencia entre todos, de lucha entre los más capaces, la risa se constituye como una necesidad social y personal de primer grado. Pero no la risa fácil, ni el insulto rompedor de rígidos esquemas sociales, sino la risa irónica, el sarcasmo complejo que necesariamente lleva a un análisis profundo.

Analizar la risa es algo que pocas veces se realiza. El buen humor es una condición raramente tomada en cuenta. No es juego de palabras, puede haber buen humor serio. La consecuencia de una escena
curiosa, graciosa o chusca es en general la risa. Aunque también se puede desde la seriedad generar buen sentido del humor.  Las ironías, sarcasmos y otros medios pueden ayudar a ser cómicos. Los grandes comediantes no necesariamente son risueños. Pero ¿cuál es la relación entre el buen humor y la filosofía?

No suele asociarse a la filosofía con risa. La primera no tiene pretensiones de comicidad. Aunque en muchas obras filosóficas está presente, sin buscarlo, el sentido del humor.

La filosofía en occidente empezó con un hecho chusco. Se cayó Tales de Mileto en una zanja. Por pensar en el más allá se olvidó del más acá.

Henry Bergson, Premio Nobel de Literatura, es de los pocos filósofos que aborda la risa, en su obra que lleva el mismo nombre, plantea que esta se produce cuando: “ocurre cuando un cuerpo no se mueve
al ritmo de la vida (por ejemplo, cuando alguien tropieza), cuando una idea no se adapta a las nuevas situaciones (por ejemplo, cuando una afirmación se repite) o cuando se trata a alguien como cosa (por ejemplo, cuando mantean a Sancho Panza). Así, quien ríe es la sociedad, que al igual que la vida, su ley fundamental es la de nunca repetirse”.

En El Banquete de Platón hay escenas que pueden parecer de comicidad. Ejemplo, un orador antes de empezar su discurso sufre ataque de hipo, que otro le recomienda frotarse la nariz o cuando al
maestro Sócrates, bajo la mesa, le agarra la pierna por otro para que de esa manera le transmita su sabiduría o cuando llega borracho un filósofo y alguien siguiere que lo dejen entrar porque “los niños y los borrachos dicen la verdad”.

El Príncipe de Maquiavelo está lleno de sarcasmos, de ironías cuasi provocadoras de risa. “Un príncipe jamás predica otra cosa que concordia y buena fe; y es enemigo de acérrimo de ambas, ya que, si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras.” Aparente cinismo convertido en ironía.

El viejo y serio Kant también tiene su obra donde el buen sentido del humor está presente. Según él, “la risa es un afecto debido a la transformación repentina de una tensa espera en nada”. Cuenta que
un fino inglés en un bar bebe una cerveza espumosa, un indígena se le acerca y le cuestiona como hicieron para meter la espuma en el envase de la cerveza. 

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