¡No quién se las hizo, sino quién se las paga!
Bufete jurídico, columna de José Luis Ripoll Gómez: ¡No quién se las hizo, sino quién se las paga!
A través de la violencia puedes
matar al que odias, pero no puedes
matar el odio.
Martin Luther King
Los humanos somos esclavos del lenguaje. Vivimos prisioneros de él. Muchos de los problemas entre nosotros, tienen su origen en el lenguaje.
Hoy estar informado es más importante que conocer la verdad. Diria Foucald “el sujeto está sujeto”. Empero, ¿dónde estriba la verdad? Para muchos, es en tanto más cerca esté de nuestros deseos.
En todas las épocas ha habido envidias y egoísmo por doquier. Cada quien refiere lo que le corresponde vivir. El mundo de hoy está lleno de sentimientos negativos. La mayoría de los humanos somos envidiosos, pero pocos lo reconocen. Los envidiosos mueren, pero la envidia vive como fiel testigo de lo negativo. La envidia tiene una constante, parece que se disfraza de amistad, de compañero, de justicia, de reclamación. Se dice “envidia de la buena”, pero en realidad no existe, en el fondo toda envidia es de la mala. Esta es más irreconocible que el odio.
Hoy le llaman misoginia, a todo aquel que no piensa como mujeres reaccionarias. Lo primero que debemos decir que somos profundamente feministas. Esto significa estar del lado de las mujeres en el reclamo de sus derechos y libertades. Esto no quiere decir que aceptemos los excesos, infundados y violentos reclamos que
algunos grupos de feministas, en aras de apoyo al movimiento arremeten contra todo aquello que arbitrariamente consideren contrarios. En segundo lugar no todas las mujeres apoyan a las reaccionarias. Hay mujeres progresistas que miran hacia adelante y no hurgan el pasado.
Basta de reclamar derechos pintando monumentos históricos y que luego nos digan que primero las mujeres y luego las piedras. Basta de atacar a los hombres como si fuéramos los enemigos a vencer. Por lo menos los hombres progresistas somos aliados, no adversarios.
Ser feministas no significa ser reaccionarias violentas. Es como querer justificar a los anarquistas que en aras de la adversidad contra el Estado, arremeten contra lo establecido en función de sus ideas. Como querer justificar la violencia contra el orden establecido. Algo así como, porque no confío en la justicia dominante desbarato todo aquello que se me cruce en el camino.
Las personas progresistas miran al futuro con optimismo, con la fuerza de la razón, en cambio los reaccionarios y reaccionarias se fijan en el pasado, en los agravios que sufrieron, ¡no en quién se las hizo, sino en quién se las paga!
