Leyendo en el Tren Maya
Variopinto por Jaime Méndez Mendoza
Lo pensamos desde que la obra estaba en proceso: leer dentro del Tren Maya en movimiento, pero ¿por qué?, ¿para qué? La respuesta es simple: los libros se deben mover, deben llegar más lejos. La sensación de leer y compartir dentro de un tren a 140 kms. por hora con un buen café y un grupo de amigos es más que satisfactoria, es un placer inagotable. La sala de Lectura “El Yucatracho” lo hizo posible el pasado 3 de marzo.
Pedro abre la ruta, comenta sobre un libro interesante: Los trenes se van al purgatorio, del chileno Hernán Rivera Letelier (Planeta, 2000); un tren que cruza la pampa salitrera en el norte de Chile en un irreal itinerario por las abandonadas estaciones del desierto de Atacama. Con personajes de vidas tristes que van rodando en el silencio cósmico de un desierto infinito en el tren Longitudinal Norte, el Longino.
Nela María nos cuenta sobre los sabores y sinsabores de las aventuras de Amelia Earhart, la primera mujer en cruzar sola el Atlántico en 1932 desde la isla de Terranova, en Canadá, hasta Irlanda, en 13 horas. Desgraciadamente, en su último proyecto de viaje para darle la vuelta al mundo, al pasar por la isla de Howland en el Pacífico central, su avión se queda sin combustible y desaparece sin que hasta la fecha se hayan encontrado restos de la aeronave.
Me tocó compartir igual otro tema de trenes: El tren de la pacificación, de Raúl J. Casares G. Cantón (edición de autor, 2026). Yucatán fue el único estado de la república en donde el financiamiento para vías férreas corría a manos de los ricos hacendados henequeneros. El resto de los más de 20 mil kms. de ferrocarriles de la República Mexicana fue financiado por el gobierno porfirista y mediante concesiones a extranjeros.
El libro nos narra uno de los más ambiciosos proyectos en la Península de Yucatán a finales del siglo XIX, en los estertores de la Guerra de Castas: “Los Ferrocarriles Sud-Orientales”. La obra debía ser una continuación de la vía Mérida-Peto e internarse en el suroriente de la Península, pasar por la capital de los mayas rebeldes, bordear la bahía de la Ascensión, luego Bacalar y seguir hasta el vecino Belice. Se pretendía así la reconquista de las tierras en manos de los mayas, crear más fortificaciones y llevar los elementos de la civilización a esos lugares.
Fueron múltiples las razones que frustraron el proyecto: falta de conocimiento del terreno, precipitación por construir la vía lo más pronto posible y, en resumen, conflictos de intereses políticos y militares.
Y así, después de más lecturas interesantes, el Tren Maya disminuyó la velocidad. Se escuchó por la bocina el aviso: ciudad de Valladolid, ciudad heroica y pueblo mágico. Entonces inició la siguiente misión: encontrar un buen restaurante donde degustar uno de los más ricos platillos de la región: un colorido y exquisito plato de lomitos de Valladolid.
¡Hasta la próxima estación, amigos!
