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Como ya se ha convertido en una buena costumbre, estamos en la víspera del evento que todos los lectores anhelamos cada año: nuestra Feria Internacional de la Lectura de Yucatán, más conocida como la Filey.

Y es que nuestra feria tiene algo muy especial: que el énfasis es la lectura. Ciertamente en nuestro país y en otros lares existen otras ferias con mayor antigüedad o tradición, como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara o la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la Ciudad de México; pero tanto esas como otras son ferias del libro, y la nuestra es de lectura, que tiene una connotación muy especial y diferente.

Ya que, si bien ciertamente la principal atracción son los libros, al ser un espacio de promoción de lectura también se generan espacios de producción literaria, poética, teatral, ensayista e incluso de análisis musical.

Es muy reconfortante acudir a los salones y ver la cantidad de niñas, niños y estudiantes de todas las edades que exploran diferentes títulos de diversos géneros, y poder notar la emoción en los ojos de los asistentes. Incluso ver a jóvenes perder el miedo y generar sus propias obras que comparten con sus compañeros y asistentes.

El tener frente a frente a autores, tanto noveles como consagrados, y poder platicar de una manera casi informal con autores reconocidos como Juan Villoro y Laura Restrepo, así como apoyar al talento local como los escritores Francisco Caamal y la doctora Anel May (que presenta, por cierto, su primer libro), desmitifica a los escritores y motiva a quienes nos consideramos simples mortales lectores a plasmar nuestras ideas y pensamientos en palabras escritas.

Una semana donde los yucatecos olvidamos la famosa etiqueta de que los mexicanos no somos lectores para convertirnos en ávidos consumidores de palabras, escritas y habladas desde la voz propia de quienes se atreven a oponerse al estigma de que somos un país no lector y levantar la voz por todos los que nos atrevemos a abrir un libro, a leer una historia, a contar un sueño.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Aún hay personas que no saben qué es la Filey; parece mentira que incluso docentes en formación desconozcan qué es e incluso dónde se realiza.

Pero siempre es un buen momento para acercarse. Nunca es demasiado tarde para leer nuestra primera historia, para comprar nuestro primer libro (que no sea tarea escolar) o para escuchar por primera vez a un autor que se atrevió a desafiar el estigma de país no lector.

El olor a libro nuevo, el olor a libro viejo, el sorprenderse de cuántos temas se tratan en los diferentes libros, el atreverse a conocer un nuevo género… todo, absolutamente todo vale la pena, y lo tenemos tan cerca.

Estamos invitados a ser parte de esta revolución de la palabra, a demostrar que en Yucatán hay una comunidad lectora y, sobre todo, a disfrutar de esta feria que es de lo mejor que hay en el país.

Ahí nos vemos.

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