Se fue, pero se queda
Bufete jurídico por José Luis Ripoll Gómez
En general cuando una persona célebre fallece hay una especie de redimensión de sus aportaciones. Parece que la muerte va en paralelo del reconocimiento. Nos despertamos el pasado sábado con la triste noticia del fallecimiento del filósofo Jürgen Habermas. ¿Quién fue?
Habermas es un autor obligado para quien intenta tener una postura ética en el convulso mundo de hoy. Su ética discursiva atiende a varios planteamientos: primero, con su propuesta se intenta crear una comunidad de buena comunicación entre los actores de la sociedad. Todos en un plano de igualdad y en donde nadie quiera hacer valer su jerarquía ni política ni económica, ni de ningún otro tipo. Segundo, lo éticamente correcto provendrá no de ninguna fuerza, sino del consenso social determinado por la racionalidad y no por la jerarquía. Tercero, pretende superar de una vez por todas la subjetividad reinante de la posmodernidad por una intersubjetividad que, utilizando la razón, logre un consenso satisfactorio. Cuarto, es un ponerse de acuerdo entre los miembros de una sociedad en relación con las normas que nos han de regir. Por estas razones la ética discursiva de Habermas se convierte en una ética de utilidad, una puesta en práctica de servicio, de acción y resultados.
No sólo fue filósofo sino supo incursionar en áreas diversas como la sociología, el análisis político y el derecho. Con los filósofos suele suceder que son poco o medianamente conocidos. Tristemente la filosofía no es de masas. Habermas no fue la excepción.
Sus obras más importantes son “Facticidad y validez” y “Teoría de la acción comunicativa”. En la primera aporta al derecho en su significado teórico y práctico. En la segunda hace su propuesta ética para la sociedad contemporánea. Una propuesta de consenso social en la definición de los temas de la moral y, consecuentemente, en una ética discursiva.
En el año 2003 recibió el premio Príncipe de Asturias por su aportación a las ciencias sociales. Fue neo-marxista, miembro de la Escuela de Fráncfort. Sostuvo: “Avergüénzate de morir hasta que no hayas conseguido una victoria para la humanidad”. Se refiere a la aportación de las personas durante nuestra existencia, hacer algo valioso para todos y no simplemente haber vivido sin aportar nada a cambio. La vida es aportación para los demás.
También expresó: “No puede haber intelectuales comprometidos si ya no hay más lectores a quienes seguir alcanzando con argumentos”. Efectivamente, la lectura es básica para poder seguir generando conocimiento filosófico y en general de cualquier otra índole. Por esto los diálogos promueven la lectura y el amor a la reflexión filosófica independientemente del tiempo complicado en que vivimos.
Uno de los graves problemas a los que nos enfrentamos los humanos en la actualidad es la comunicación efectiva, por eso la ética comunicativa de Habermas es quizá la mejor propuesta para el mundo contemporáneo. Hasta el pasado sábado, Jürgen fue el filósofo vivo más influyente. Se fue Habermas, pero se queda para siempre.
