Feligreses dan el último adiós al Monseñor Pedro Pablo Elizondo
Feligreses de Quintana Roo acudieron a las exequias en Cancún para despedir a Monseñor Pedro Pablo Elizondo y honrar su legado pastoral.
Las campanas repicaron con un sonido distinto, más lento, casi solemne, en la catedral de Cancún. Feligreses de distintos puntos de Quintana Roo comenzaron a llegar al templo con un mismo propósito: dar el último adiós a Monseñor Pedro Pablo Elizondo, quien durante 21 años fue el rostro pastoral de la diócesis de Cancún-Chetumal.
La misa de exequias fue presidida por el Arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, así mismo, asistieron autoridades eclesiásticas metropolitanas, y de la Península, quienes pronunciaron una carta enviada desde Roma.
¿Cómo fue el homenaje de los fieles?
El ambiente estuvo marcado por el silencio respetuoso, interrumpido solo por oraciones en voz baja y el murmullo de quienes recordaban alguna palabra, una misa, una bendición recibida del obispo que acompañó el crecimiento espiritual de una de las diócesis más jóvenes del país.
El féretro fue recibido entre aplausos contenidos y lágrimas discretas. No era un adiós cualquiera. Para muchos, Monseñor Pedro Pablo Elizondo no solo fue una autoridad eclesiástica, sino un pastor cercano, atento a las realidades sociales de Quintana Roo y comprometido con una Iglesia abierta al diálogo, la paz y la reconciliación.
Durante la ceremonia, las palabras del clero evocaron su entrega incansable, su vocación misionera y su empeño por fortalecer la fe en una región marcada por el crecimiento acelerado y la diversidad cultural. Se recordó su papel en la consolidación de la diócesis, su cercanía con las comunidades más alejadas y su constante llamado a la solidaridad.
¿Por qué fue importante su legado pastoral?
El nuevo Obispo de la Diócesis de Cancún-Chetumal, Salvador González Morales, mencionó a través de una carta que Monseñor, “dejó una herencia a la diócesis, en el que nos invitaba a tener una gran esperanza, poniendo nuestra confianza en Dios, para convertirlos en siglos de esperanza, que transmite en nuestro alrededor alegría y aliento, motivando a los demás a ser mejores”.
Así, Quintana Roo despidió a un obispo que dejó huella no solo en los centros de adoración, sino en la vida cotidiana de miles de personas. El legado de Monseñor Pedro Pablo Elizondo permanece en la memoria colectiva de una comunidad que hoy, entre fe y gratitud, aprende a decir adiós a quien 43 años de su vida como sacerdote.
Uno de sus últimos actos públicos fue la celebración de la Santa Misa de exequias por el P. José Antonio Barco Villanueva.
