Inseguridad y violencia a la baja
En medio de un país donde la violencia se ha convertido en termómetro político y social, los números importan, sobre todo cuando éstos apuntan...
En medio de un país donde la violencia se ha convertido en termómetro político y social, los números importan, sobre todo cuando éstos apuntan hacia abajo.
Y ayer fue eso lo que se dio a conocer en la conferencia matutina encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, donde se expusieron datos que colocan a Quintana Roo en una ruta distinta a la narrativa de inseguridad que durante años marcó su destino.
De acuerdo con la titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Marcela Figueroa Franco, el estado registró en marzo de 2026 un promedio diario de 0.52 homicidios dolosos. La cifra, por sí misma, podría parecer fría, incluso técnica.
Pero adquiere dimensión cuando se le compara con los 2 casos diarios documentados en septiembre de 2024: una reducción del 74 por ciento. Más aún, el descenso sostenido desde 2025 consolida una baja del 76 por ciento respecto a 2024.
No se trata de un dato menor. Quintana Roo -particularmente destinos como Cancún- fue durante años vitrina de una paradoja dolorosa: crecimiento turístico acompañado de la infiltración de grupos delictivos que encontraron en el auge económico un terreno fértil. La violencia, en su momento, dejó de ser percepción para convertirse en realidad cotidiana.
Por ello, el reconocimiento implícito en estos datos también apunta hacia el trabajo del gobierno encabezado por Mara Lezama. No como un acto de propaganda, sino como un indicador de que la estrategia de seguridad, con todos sus retos y limitaciones, comienza a rendir frutos medibles.
Sería injusto, sin embargo, analizar estas cifras sin contexto. La actual administración heredó un escenario complejo, donde la descomposición no ocurrió de la noche a la mañana. La presencia de grupos criminales, la disputa por territorios y la debilidad institucional fueron factores que se incubaron durante años. Reducir la violencia en ese entorno no es producto de la inercia, sino de una intervención sostenida.
Lo relevante no es sólo la caída en los homicidios dolosos, sino la tendencia. Porque en materia de seguridad, un buen mes puede ser circunstancial; una racha prolongada, en cambio, apunta a una política pública con dirección. Y eso es justamente lo que comienza a dibujarse en Quintana Roo: una curva descendente que, de mantenerse, podría cambiar la conversación sobre el estado.
Claro está, el reto está lejos de haber terminado. La seguridad no se mide únicamente en estadísticas, sino en la percepción ciudadana, en la tranquilidad de las calles, en la confianza de quienes habitan y visitan la entidad. Un promedio de 0.52 homicidios diarios sigue representando vidas perdidas, historias truncadas y familias marcadas.
Pero también es cierto que gobernar implica avanzar en escenarios adversos. Y si algo muestran los datos presentados en la mañanera es que Quintana Roo ha comenzado a transitar de la contención a la reducción. Ese matiz es clave.
Hoy, con cifras sobre la mesa y el aval de instancias nacionales, el gobierno de Mara Lezama encuentra un argumento sólido frente a sus críticos. No definitivo, no absoluto, pero sí significativo: la violencia, al menos en su expresión más extrema, está cediendo terreno.
La pregunta que queda en el aire: ¿será este el inicio de una recuperación sostenida o sólo un respiro temporal? La respuesta, como siempre en política, no estará en los discursos, sino en la consistencia de los resultados.
