Velan armas

Quintana Roo entró en una nueva fase política, de mucha efervescencia, la cual se expresa en bardas, publicidad en redes, llamadas telefónicas, encuestas...

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Quintana Roo entró en una nueva fase política, de mucha efervescencia, la cual se expresa en bardas, publicidad en redes, llamadas telefónicas, encuestas y más. Independiente de las candidaturas que se definirán posteriormente y de las alianzas que pudieran concretarse -o no-, conviene una revisión breve a cada partido.

La foto de hoy es clara: Morena lidera, el Verde crece, el PT titubea, la oposición busca rumbo y los partidos locales permanecen ausentes.

Morena mantiene con firmeza el control del escenario. No sólo por la dinámica nacional, sino por una operación territorial local, que sigue siendo la más eficaz. La narrativa de gobierno aún conecta con amplios sectores y, mientras no haya fracturas graves en el movimiento, se mantendrá como favorito.

El Verde avanza con paso firme. Ha entendido que su crecimiento no depende del protagonismo estridente, sino de la cercanía con el poder y de una estructura que se fortalece en locamente. Su apuesta es pragmática: sumar, negociar y ocupar espacios. Hace tiempo que se está consolidando como socio con peso propio.

En contraste, el PT es una incógnita. Su papel ha sido intermitente y su capacidad de incidencia, limitada. Si no redefine su estrategia, corre el riesgo de diluirse en la alianza o de quedar reducido a un membrete sin tracción electoral.

Del otro lado, el PAN intenta reconstruirse tras años de retroceso, tiene cuadros y experiencia, pero su nueva narrativa no llega a las masas.

Movimiento Ciudadano apuesta por el voto joven y una identidad fresca, aunque todavía sin la estructura suficiente para disputar en serio gran parte del territorio, salvo excepciones.

Ambos partidos no sólo compiten contra Morena, también compiten entre sí por encabezar una oposición que hoy luce fragmentada.

El PRI, mientras tanto, pelea por sobrevivir. Su presencia es cada vez más simbólica que real. Mantiene nichos, pero su margen de maniobra es demasiado estrecho. Su desafío no es ganar: es no desaparecer del mapa político.

Luego están los partidos locales, envueltos en una duda persistente: ¿qué hacen y dónde están sus dirigentes? Su ausencia en el debate público y su débil conexión con la ciudadanía los colocan al borde de la irrelevancia. En un contexto donde la política exige cercanía y resultados, la invisibilidad se paga caro.

Así, Quintana Roo se encamina al 2027 con un escenario predecible, pero la elección pondrá a prueba quién entiende mejor a un electorado cada vez más exigente y menos dispuesto a conceder "cheques en blanco".

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