Y con ustedes: Roberto Borge
La política tiene una peculiaridad: nunca da por terminada una historia mientras alguno de sus protagonistas siga respirando políticamente...
La política tiene una peculiaridad: nunca da por terminada una historia mientras alguno de sus protagonistas siga respirando políticamente. Y en Quintana Roo, cuando muchos consideraban que Roberto Borge era un capítulo cerrado, una resolución judicial vuelve a colocarlo en el centro de la conversación pública.
La absolución del exgobernador del delito de delincuencia organizada representa mucho más que una decisión de tribunales. Tiene implicaciones políticas profundas que podrían alcanzar incluso el proceso electoral de 2027, cuando los quintanarroenses elegirán a quien sucederá a la gobernadora Mara Lezama.
Durante años, Borge fue presentado como el gran símbolo de la corrupción en Quintana Roo. Su captura en Panamá, su extradición y su encarcelamiento fueron utilizados como prueba de que se estaba combatiendo la impunidad. El entonces gobernador Carlos Joaquín construyó buena parte de su legitimidad política sobre la promesa de llevar ante la justicia a quienes habían saqueado al estado.
Sin embargo, el tiempo ha comenzado a modificar algunas piezas del tablero.
La resolución que lo absuelve de delincuencia organizada no significa que Roberto Borge haya quedado libre de toda responsabilidad jurídica. Aún enfrenta otros procesos judiciales. Pero sí representa un golpe importante a una de las acusaciones más graves que pesaban sobre él y, por supuesto, alimenta el discurso de quienes sostienen que hubo excesos políticos durante la ofensiva emprendida por el gobierno joaquinista.
Y es precisamente ahí donde comienza la dimensión electoral del asunto.
Porque si Borge recupera libertad de movimiento y eventualmente espacio mediático, podría iniciar una ofensiva política y narrativa contra quienes durante años lo señalaron como el principal responsable de los males de Quintana Roo. El primer destinatario de esos cuestionamientos sería Carlos Joaquín, pero difícilmente sería el único.
La oposición podría intentar aprovechar esta circunstancia para argumentar que existieron motivaciones políticas detrás de algunas acusaciones. Morena, por su parte, tendrá que administrar cuidadosamente un tema que inevitablemente volverá a ocupar espacios en medios de comunicación y redes sociales.
El asunto cobra especial relevancia porque el proceso sucesorio ya comenzó de manera informal. Mientras Morena se prepara para definir a su coordinador estatal, figura que virtualmente se convertirá en candidato o candidata a la gubernatura, cualquier tema que altere la narrativa política adquiere importancia estratégica.
Nombres como Rafael Marín, Gino Segura o Ana Paty Peralta han comenzado a aparecer en las conversaciones sobre el futuro político del estado. Sin embargo, la irrupción de Borge en el debate público podría introducir un elemento inesperado en la contienda.
No porque el exgobernador tenga posibilidades reales de regresar al poder, sino porque representa un símbolo. Y los símbolos suelen tener un enorme peso en las campañas.
La oposición podría intentar revivir los señalamientos sobre los excesos del pasado para desgastar a Morena. Morena, a su vez, buscará recordar que la época borgista pertenece a un régimen político distinto al suyo. Y en medio de ese intercambio, Roberto Borge podría convertirse nuevamente en un actor incómodo para todos.
Existe además otro factor: el desgaste ciudadano. Después de más de una década escuchando hablar de Borge, de expedientes, investigaciones, denuncias y procesos judiciales, muchos quintanarroenses podrían preguntarse por qué los casos siguen abiertos o por qué algunas acusaciones terminan derrumbándose en los tribunales.
La confianza en las instituciones de justicia también está en juego.
Por eso la absolución trasciende el ámbito jurídico. Se convierte en un asunto político y electoral. Modifica discursos, obliga a replantear narrativas y ofrece nuevas municiones a distintos actores de cara a una elección que, aunque aún parece lejana, ya comenzó a mover sus piezas.
La política quintanarroense se preparaba para discutir quién será el próximo candidato o candidata a la gubernatura. Pero ahora podría verse obligada a mirar nuevamente hacia el pasado.
Porque cuando un personaje como Roberto Borge reaparece en escena, no sólo se reabren expedientes. También se reabren heridas, cuentas pendientes y viejas disputas de poder.
Y eso, en vísperas de una sucesión gubernamental, nunca es un asunto menor.
